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Hoy día casi nadie duda que la imaginación y la creatividad son los motores que mueven el progreso en el mundo. La creatividad, individual o colectiva, es el secreto para evolucionar y desarrollarse en todos los órdenes, desde la capacitación personal hasta la fuerza motriz de las empresas y de las instituciones. El poder de las ideas es inmenso y sin ellas no es posible afrontar ninguna estrategia de crecimiento.
Todo el mundo habla de creatividad, pero muy pocos son capaces de responder a estas preguntas:
¿Qué es la creatividad? ¿Quién es creativo y por qué lo es? El creativo ¿nace o se hace? ¿Cómo llega uno a ser creativo? ¿Por qué a los grandes creativos se les llama genios?
Yo creo que una mente creativa no es ni más ni menos que una mente abierta y flexible, capaz de buscar las soluciones a cualquier problema usando siempre caminos nuevos, huyendo de la rigidez científica, de lo racional, de los viejos cánones, y atreviéndose siempre a ver las cosas desde una nueva perspectiva.
Alfred Korzybski, un científico polaco que inventó la Semántica General y que cultivó el pensamiento no-Aristotélico, decía:
“Si una persona ve una cosa blanca y otra persona ve la misma cosa negra, no hay que deducir necesariamente que uno de los dos se equivoca, sino que sus referencias pueden ser distintas”.
Las diferentes perspectivas con la que cada uno observa cualquier situación, nos puede hacer percibirla de una manera distinta. Lo que para unos es blanco, para otros puede ser negro o gris, y la mayoría de las veces todos estamos acertados, porque hay muchas formas distintas de solucionar un mismo problema, todo depende de la creatividad con que lo afrontemos. Pensar de una manera distinta a lo convencional es un requisito indispensable para encontrar soluciones nuevas y originales. En ese contexto, la experiencia es el mayor handicap con el que nos enfrentamos a la hora de desarrollar nuestra creatividad; porque la experiencia nos hace recorrer siempre los mismos caminos, los senderos trillados de nuestro conocimiento de expertos. Sin embargo, el espíritu de la creatividad es circular siempre por caminos nuevos, admitir todas las posibilidades, procedan de donde procedan, aunque no tengan nada que ver con lo que nos dice nuestra experiencia. La creatividad basa su credo en el uso ilimitado de la imaginación y la emoción, absolutamente lejos de nuestros pensamientos más racionales. En una entrevista de 1990, el gran artista Eduardo Chillida le decía algo parecido a su entrevistador: “Hoy sé que uno no puede hacer lo que ya sabe, porque sólo se crea cuando se está en el límite del conocimiento”.
Curiosidad, emoción, apertura, flexibilidad, riesgo e imaginación son la auténticas claves del pensamiento creativo. Nada que ver con un proceso intelectual complicado. Nada que ver con coeficientes de inteligencia espectaculares. Nada que ver con la genialidad innata.
La creatividad se aprende y se ejercita día a día, cuando se adopta una actividad creativa ante todos los problemas que se nos presentan, tanto en nuestra vida laboral, como en la sentimental, familiar o social.
Sólo se trata de estimular al máximo nuestra imaginación, dándonos la oportunidad de usarla constantemente, tanto a nivel experimental como práctico, en todos los actos de nuestras vidas cotidianas; de establecer conexiones entre todas las áreas, conscientes e inconscientes, de nuestro cerebro. Cuando nacemos disponemos ya de las neuronas que necesitamos para pensar, pero solamente es posible hacerlo cuando se establecen conexiones entre ellas, un proceso al que se denomina sinapsis. No podemos regenerar las neuronas que se mueren en nuestro cerebro, pero sí podemos aumentar la capacidad de establecer conexión entre ellas. Y cuantas más conexiones seamos capaces de establecer más rico y creativo será nuestro pensamiento. En otras palabras, disponemos de todas las capacidades para crear, pero sólo podemos hacerlo cuando somos capaces de establecer las conexiones adecuadas.
Cuando pensamos en un creativo siempre lo concretamos en alguien que se sale de lo normal. Escritores, pintores, músicos, matemáticos o actores suelen ser para nosotros personajes excéntricos, que tienen una apariencia distinta a la del resto de los mortales. Y casi siempre es cierto. La creatividad de estas personas se manifiesta en todas sus actitudes. Son diferentes no sólo en su forma de vestir o en su aspecto físico, sino también en sus comportamientos sociales. Su forma de manifestarse, de diferenciarse de los demás es el estandarte externo de su creatividad. Su diferencia es visible, y por eso pensamos que es el reflejo de algún tipo de capacidad mental inasequible para el resto de la gente, para los que son “normales”, para los que no han tenido la suerte de nacer creativos. Sin embargo, en contra de lo que se cree, la creatividad es algo cuyo germen poseemos todos los seres humanos, y basta con que la estimulemos un poco para que explote en nuestro cerebro transformando por completo nuestras vidas.
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